LA BRUJA [CINE]

Hacía tiempo que no se nos presentaba un film de estas características y más dentro de su género. Aunque la palabra terror engloba muchas connotaciones y más si entramos en sub-géneros, dicha palabra se le puede quedar corta a 'La Bruja', opera prima de Robert Eggers que da el salto al largometraje con guión propio. Thriller, terror psicológico, drama y un buen pellizco de fantástico serían los adjetivos que podrían calificar esta pequeña pieza de joyería que nos ha sorprendido gratamente. 

Alejada del histrionismo efectista que domina el género del terror, los litros de sangre, efectos de cámara, música atronadora y giros imposibles en el guión en busca del susto fácil y de palomita gruesa, 'La Bruja' juega en otro nivel, es más, crea un juego nuevo para...















...todos aquellos que se adentren en su temática. Y cosa difícil, pues su eclecticismo es a buen seguro un handicap para esos espectadores que vayan creyendo a ver este film que se van a encontrar con la típica historia de bosques encantados, brujas malas y sustos tras las ramas.


Nada más lejos. Una perla entre tanto arrecife. Situada históricamente en 1630, años antes de los infames y famosos juicios de Salem, el director nos propone un viaje iniciático en la particular cultura de los primeros colonos de América del Norte. Puritanismo recalcitrante, religiosidad a flor de piel e intolerancia por todo aquello que se alejara de las Sagradas Escrituras son recogidas en esta película a modo de drama familiar en que sus integrantes verán como su Fe, su creencia y su fortaleza como unidad familiar se resquebrajan de forma paulatina cuando entre ellos comienza a anidar la sospecha del mal.


El diablo, personaje ficticio (o no) en el film, planea de manera asombrosa durante su metraje. La religión, fusta y castigo de los pensamientos y hechos de los componentes de la familia, es el bastión donde se refugian ante sus miedos. ¿Pero qué hacer cuando ese mal está entre tus hijos?


Esa pregunta que flota en el aire de esos bosques que tan elegantemente filma Eggers, es la que se hace el espectador. ¿Es lo que vemos real? ¿Es todo parte de una histeria colectiva? Una película que emociona según avanzan sus minutos, que te engancha con una historia sencilla pero brutalmente veraz a la hora de mostrarte lo que ella quiere enseñar. Su juego es ése, darte a entender unos hechos para que seas tú el que llegue a una resolución (si la hay) a su conclusión.


El mal, icónicamente ilustrado como una Bruja, se cierne en todo el largometraje como una presencia que sentimos, que deseamos que sea cierta para dar comprensión a unos sucesos que al igual que a los personajes, nos hacen dudar, estremecer y hasta por momentos sentir es angustia que en aquellos años se debió vivir. La intolerancia, mensaje soslayado en el film, se desata como la única manera de combatir el mal. Y es aquí donde reside la fuerza de 'La Bruja', funciona a la perfección como mecanismo de creación de ansiedad, terror psicológico y drama emocional. Con unas estupendas actuaciones de actores, donde destacamos a la singular Anya Taylor-Joy, y que hasta hoy eran desconocidos pero que dotan de una veracidad y crudeza a sus personajes que traspasan la pantalla.


Un guión elaborado a partir de anotaciones, leyendas y juicios orales que sucedieron en el siglo XVII y que recopila el director para hacer un boceto muy nítido y casi solemne a la sinrazón que la religión conllevaba. Rodada muy acertadamente con luz natural y sin apenas efectos que hagan enturbiar la narración, la película transcurre con una calma tensa hasta un desenlace algo perturbador y desconcertante. Es quizás este punto donde su director no acaba por ser valiente y dotar a su film de ese aura de misticismo que hasta ese momento llevaba. Prefiere encasillar su trama con una conclusión que se aleja del terror psicológico para abrazar sin tapujos el género fantástico. Algo así como saltar desde un décimo piso pero arrepentirse al llegar a suelo.


Los toques maestros de su realización, que por momentos tienen tintes del Kubrick más conceptual, se realzan con una banda sonora inquietante e hipnótica que refuerza (y en mucho) las tétricas imágenes que vemos en la pantalla. Y lo que es peor (para bien), hacen que sea nuestra imaginación la que confiera a ese sentimiento de miedo un equilibrio justo entre el terror y cine fantástico.

VALORACIÓN: 7/10

Comentarios

  1. Completamente de acuerdo. Una pequeña gran obra que muchos no sabrán apreciar, pero que es digna de ser vista y de llamarse CINE DE TARROR así, con mayúsculas.

    Buen análisis compañeros.

    @Ociopalabras

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